LA FAMILIA GRIEGA


La familia era una institución básica en la antigua Atenas. Estaba formada por el esposo, la esposa y los hijos (una familia nuclear), aunque también consideraban como parte de la familia a otros parientes dependientes y a los esclavos, por razón de su unidad económica. La función principal de la familia era la de engendrar nuevos ciudadanos. Las estrictas leyes del siglo y estipulaban que un ciudadano debería ser producto de un matrimonio, reconocido legalmente, entre dos ciudadanos atenienses, cuyos padres también fueran ciudadanos. Por ley, la propiedad se dividía al azar entre los hijos sobrevivientes; como resultado, se buscaba que los matrimonios se realizaran entre un círculo cerrado de parientes, con el fin de preservar la propiedad familiar. La familia también ejercía la función de proteger y enclaustrar a las mujeres.
Las mujeres eran ciudadanas que podían participar en la mayor parte de los cultos y festividades religiosos, pero que eran excluidas de otros actos públicos. No podían tener propiedades, excepto sus artículos personales, y siempre tenían un guardián varón: si era soltera, su padre o un pariente varón; si estaba casada, su marido; si era viuda, alguno de sus hijos o un pariente varón. La función de la mujer ateniense como esposa, estaba bien definida. Su principal obligación era mantener a los niños, sobre todo varones, que preservarían el linaje familiar. La fórmula del matrimonio que los atenienses utilizaban, para expresarlo de manera sucinta: "Te entrego esta mujer para la procreación de hijos legítimos" En segundo lugar, una mujer debería cuidar a su familia y su casa, ya sea que hiciera ella el trabajo doméstico, o que supervisara a los esclavos, que realmente hacían el trabajo.
A las mujeres se las tenía bajo un estricto control. Debido a que se casaban a los catorce o quince años, se les enseñaban sus responsabilidades desde temprana edad. Aunque muchas de ellas se las arreglaban para aprender aleer y a tocar instrumentos musicales, a menudo se las excluía de la educación formal. Se esperaba que una mujer permaneciera en su casa, lejos de la vista, con excepción de su presencia en los funerales o en los festivales, como el festival de las mujeres de Tesmoforia. Sí se quedaban en casa, debían estar acompañadas. Una mujer que trabajara sola en público o era indigente, y no era ciudadana. La dependencia del marido era tal que podía amonestarla, repudiarla o matarla en caso de adulterio, siempre que éste estuviera probado. Las mujeres de menor rango social tenían una vida más agradable ya que podían salir de sus casas sin ningún inconveniente, acudir al mercado o a las fuentes públicas e incluso regentar algún negocio. Al no existir presiones económicas ni sociales, los matrimonios apenas estaban concertados, siendo difícil la existencia de dotes. Si es cierto que numerosas niñas eran abandonadas por sus padres ya que se consideraban auténticas cargas para la familia.

Los esponsales

Consistía más o menos en la petición de mano. Para concertar la boda, el padre de la novia debía entregar, en un acto ante testigos, una dote al novio.

  • El primer día los novios celebraban la ablución o baño purificatorio. Ella, tras despedirse de sus juguetes, que entregaba en ofrenda a la diosa Ártemis, recibía un baño ritual en una fuente pública. En Atenas era famosa la fuente Calírroe (καλίρροη "la de bello chorro").
  • El segundo día se celebraba la ceremonia propiamente dicha, con un sacrificio a los dioses del cielo en casa del novio y la procesión de los desposados a la casa del marido. La novia iba en un carro. Detrás solía ir su madre con una antorcha encendida como símbolo de la continuidad del hogar. Los acompañantes entonaban cantos al dios Himeneo. Ya en el nuevo hogar, recibía el cortejo la madre del novio y daba a probar membrillo a la novia como símbolo del deseo de la perfecta unión y de fecundidad.
  • El tercer día se celebraba una fiesta con los amigos y los familiares entregaban regalos a los recién casados.

La función principal de la familia era la de engendrar nuevos ciudadanos. Las estrictas leyes del siglo y estipulaban que un ciudadano debería ser producto de un matrimonio entre dos ciudadanos atenienses, cuyos padres también fueran ciudadanos.
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Las mujeres


En Atenas, las mujeres servían a los hombres de otras formas. La prostitución (tanto masculina como femenina) floreció en la Atenas clásica. La mayor parte de las prostitutas eran esclavas en los burdeles administrados como un negocio o un comercio por ciudadanos atenienses. Así las prostitutas se maquillaban de manera ligeramente escandalosa con vistosos coloretes, utilizaban zapatos que elevasen su altura, se teñían el cabello de rubio y se depilaban, utilizando navajas de afeitar, cremas u otros útiles. Utilizaban todo tipo de postizos y pelucas. Estas modas serán rápidamente adaptadas por las mujeres decentes, provocando continuas equivocaciones según nos cuentan algunos cronistas.
Otra clase de prostitutas ocupaba una posición más favorable en la sociedad ateniense; estas cortesanas más refinadas eran conocidas con el nombre de hetairai, que literalmente quiere decir acompañantes femeninas”. Estas mujeres, que solían ser ex-esclavas procedentes extranjeras, eran más refinadas que las prostitutas habituales y eran famosas por sus logros musicales e intelectuales, así como por sus atributos físicos. Los atenienses varones conservaban aristocrática costumbre de los simposios —las fiestas refinadas donde se bebía— en las cuales solían estar presentes las hetairas. Los simposios se llevaban a cabo en comedores exclusivos para hombres, en los que no estaban presentes las esposas. Las hetairas bailaban, tocaban instrumentos musicales y brindaban entretenimiento, incluidas las relaciones sexuales. El precio solía rondar el óbolo, la sexta parte de la dracma de plata. Estos establecimientos incluían en sus servicios masajes, baños y comida, la mayoría de carácter afrodisiaco e incluso algunas para estimular la virilidad como los testículos de asno salvaje. Para atraer al público, las mujeres solían vestir atuendos llamativos y llevar el cabello más largo que las atenienses, incluso algunas caminaban con un seno descubierto. Algunas hetairas llegaron a amasar fortunas considerables y a tener un considerable renombre. Aspasia fue ciertamente la más famosa. Amiga de Sócrates y afamada por sus conocimientos, fue cortesana de Pendes y a la larga se convirtió en su esposa legítima.
Los más importantes políticos, artistas y filósofos gozaban de su compañía. El escultor Praxíteles estuvo locamente enamorado de Friné quien sirvió de modelo para algunas estatuas. La encantadora Friné vivía con cierta discreción, acudiendo a tertulias literarias y artísticas, aunque fue acusada de impiedad y condenada a muerte, salvándose al mostrarse desnuda al tribunal por indicación de su abogado. En un momento de su vida, Friné acumuló tal fortuna que decidió reconstruir las murallas de su ciudad natal, Tebas. Aspasia fue la amante y esposa de Pericles, siendo también acusada de impiedad y salvada tras las lágrimas derramadas por su marido. Aspasia colaboraba estrechamente con Pericles según nos cuentan los poetas cómicos, quienes la acusan de ser la promotora de la mayoría de las guerras que vivió Atenas en aquellos momentos.


La mujer griega
La mujer griega

LAS MUJERES Y LA COLONIZACIÓN GRIEGA


La Época Arcaica ve a los griegos, constreñidos por la estrechez de sus tierras, lanzarse en un gran movimiento de colonización. La mayoría del tiempo, los colonos son únicamente hombres: cuentan con la población indígena para suministrarles esposas. Es el procedimiento tradicional de la boda por rapto. Heródoto relata que los colonos atenienses fundadores de Mileto, en Caria, atacaron a los autóctonos, se adueñaron de las mujeres y mataron a los hombres. Para vengarse de los agresores, las mujeres carias juraron no comer nunca con sus esposos y no llamarlos nunca por su nombre.

El matrimonio como medio de establecer alianzas encuentra su apogeo a partir de la segunda mitad del siglo VII a. C. cuando muchas ciudades griegas son gobernadas por tiranos. En ruptura con los anteriores, se apoyan, no obstante en ellas para asentar su poder. Así, el ateniense Pisístrato se casa tres veces: la primera vez, con una ateniense anónima; la segunda, con una Argos argiva de alto rango; la tercera, con la hija de su adversario Megacles, de la poderosa familia de los Alcmeónidas. Al final del siglo V a. C. Dionisio I, tirano de Siracusa, viudo de su primera mujer, duplica el beneficio de su matrimonio contrayendo dos alianzas simultáneamente: las dos esposas son hijas de grandes personajes, una de Locri, la otra de Siracusa.
Las hijas de los tiranos sirven para el mismo propósito: las familias aristocráticas rivalizan para obtener su mano. Así, cuando Clístenes, tirano de Sición al principio del siglo VI a. C., su hija Aragisté, tuvo trece pretendientes, descendientes de las grandes familias de doce ciudades. Durante un año, los pretendientes vivieron en el palacio de Clístenes, mantenidos como los pretendientes de Penélope. Los tiranos recurrieron también a la endogamia, a falta de buenos partidos para las hijas: así, Dionisio casó a uno de sus hijos con su propia hermana, mientras que uno de sus hermanos esposó a su nieta.

La homoxesulidad masculina

La homosexualidad masculina también fue una característica sobresaliente de la Atenas clásica. Se practicaba de manera generalizada y, ciertamente, era tolerada. La ley ateniense privaba de sus derechos ciudadanos a un ateniense que hubiese prostituido su cuerpo con otro hombre; pero no se molestaba en absoluto a los hombres que sostenían una relación homosexual con proxenetas o con otros hombres adultos, fuera ésta amorosa o por placer. La ley no eliminaba la prostitución masculina, pero, al actuar así, aseguraba que los proxenetas fueran extranjeros, y no ciudadanos atenienses.

El ideal de la homosexualidad griega consistía en una relación entre un hombre maduro y un joven. Es muy probable que éste fuese un ideal aristócrata. Si bien la relación solía ser física, los griegos también la consideraban educativa. El hombre mayor (el “amante”) se ganaba el amor de su “amado” gracias a su valía como maestro y por la devoción que demostraba en la educación de su pupilo. En cierto sentido, esta relación amorosa se concebía como una forma de iniciación de los jóvenes al mundo masculino de la dominación política y militar. Los griegos no juzgaban que la coexistencia de las preferencias heterosexuales y homosexuales creara problemas especiales a los individuos o a la sociedad
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LA DESCENDENCIA


La finalidad del matrimonio era la consecución de un heredero de los bienes. Exposición de los recién nacidos no deseados:La religión no permitía que los matasen, por eso la gente los abandonaban para que allí se murieran. La madre le dejaba para que lo identificara por si alguien lo acogía poder identificarse el día de mañana si deseaban que volviera a su casa. El aborto solo se permitía si el hombre quería.

EL NACIMIENTO

Los nacimientos eran en las casas, con ayuda de alguna mujer experta, a veces se recurría a médicos. Se colocaba en la puerta de la casa una rama de olivo si era varón y una cinta de lana si era hembra. A la semana se celebraba una fiesta familiar, llamadas “antidromias”. En el décimo día se celebraba otro banquete con un sacrificio. Se le ponía el nombre y apellidos al recién nacido.
El nacimiento de Afrodita
El nacimiento de Afrodita

LA ADOPCIÓN

El padre podía repudiar al hijo que se portara mal con él. Un soltero podía recurrir a la adopción teniendo asó heredero. Este si era mayor de edad podía elegir, sino tenía que tener la autorización de sus padres.

CRIANZA Y EDUCACIÓN DE LOS FUTUROS CIUDADANOS

El niño era criado en su infancia rodeado de mujeres, ya podía ser de su madre,
su nodriza etc.