Cultos Religiosos:


En las formas cultuales adoptadas por la religión de la Antigua Grecia, los principales ritos son las oraciones, las ofrendas, los sacrificios, las fiestas públicas y los juegos. Estos ritos no se excluyen, al contrario: una ofrenda se acompaña de una oración, incluso de un sacrificio, que puede coronar una fiesta pública, pero la religion griega carecio tanto de de una clase de sacerdotes como de libros sagrados.


Tipos de Culto



El culto en Grecia podia ser de dos tipos: público o privado:
El culto privado era el que se celebraba en el hogar en el cual solo participaba la familia residente allí. En cada hogar se hallaba un altar donde se rendia culto a Hestia, Zeus y los espíritus de los familiares difuntos. Los rituales consistian en oraciones ofrendas y libaciones.
El culto publico era de dos clases: el rito panhelenico y el que reindia cada ciudad a sus dioses.
En esas fiestas se celebraban fiestas, oraciones, rituales, plegarias, ofrendas, sacrificios y libación en honor del dios o la diosa, matizadas con juegos gimnásticos y concurso.

Este sacrificio, consiste en el degollamiento ritual de uno o varios animales, una parte de los cuales se ofrece a los dioses por medio de la cremación sobre el altar y el resto es consumido por los participantes en el sacrificio, según distintas modalidades. Iniciado con un gesto de consagración, se termina en la cocina. De hecho, sin las reglas de este sacrificio, el hombre no puede comer la carne de los animales sin correr el riesgo de caer a su vez en la ''animalidad''.

El sacrificio puede ser ofrecido por un particular y dar lugar a una fiesta doméstica, por ejemplo con motivo de un matrimonio; puede tener lugar en un santuario, a petición de un particular o de una asociación, o incluso a petición de una ciudad. El sacrificante puede ser el mismo cabeza de familia, en el primero de los casos, o un mágeiros: un profesional contratado para la ocasión, que actúa como sacrificante y cocinero a la vez. En los santuarios, en general, suelen ser los sacerdotes encargados del culto los que realizan los sacrificios en nombre de los sacrificantes.



Las Oraciones



La oración requiere antes que nada la pureza, es decir, una cierta limpieza, una apariencia de la indumentaria decente y ausencia del estado de mancha. De hecho, el respeto al ritual se impone. Por regla general, se reza antes de cualquier acción ritual.
La oración, puede ser una petición expresa o una simple llamada a la divinidad; que no es nunca silenciosa: las palabras que, pronunciadas en voz alta, cuentan y dicen solamente θεός theós(«dios»), son en sí una forma de invocación. Permanecer de pie para acercarse al Olimpo, con la mano derecha levantada (a veces las dos), la palma dirigida hacia los dioses (cielo, estatua); se prosterna, más raramente, para llamar a los dioses ctónicos. En este caso, se puede también golpear el suelo. Arrodillarse para rezar, en cambio, se tiene por una forma de supersticion.
La petición puede también resurgir como una maldición, la de un enemigo o la de sí mismo cuando se presta juramento (se maldice para anticipar el caso de que no se respete su palabra; jurar sobre Estigia es la forma de juramento de naturaleza religiosa más poderosa.


El Gran Sacrificio Civico


La forma más solemne de la ''Thysia'' es la de los sacrificios públicos ofrecidos por la ciudad con ocasión de las fiestas religiosas que concluyen con un banquete cívico. Las Panateneas en Atenas y las Jacintias en Esparta, ejemplos de las fiestas más fastuosas de dos ciudades, daban lugar a la matanza de un gran número de bueyes, con los que se alimentaba al conjunto de los ciudadanos que participaban en la fiesta. Esta participación en el sacrificio, además de una ocasión para comer carne, es la manera de volver a actualizar el pacto que une a la ciudad con sus dioses y que garantiza el orden y la prosperidad. Pero para la ciudad también la ocasión de convertirse ella misma en el espectáculo y de renovar el pacto que une a los ciudadanos entre ellos, por medio del reparto y la distribución de las partes de carne procedentes del sacrificio.

En una fase previa del sacrificio se elige a la víctima, operación que puede dar lugar a unos preliminares más o menos largos y complejos. Como mínimo, el sacerdote debe asegurarse de que responde a los criterios indispensables de «pureza» (una mancha en el pelaje puede ser considerada como una impureza) y de conformidad con las exigencias del rito.




La thysia


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La ''thysia'' propiamente dicha se inaugura con una procesión en la que se conduce a la víctima al altar, a la cabeza de la cual va el sacerdote y los sacrificantes: en el caso de una fiesta pública, los magistrados, arcontes o pritanos que ofrecen el sacrificio en nombre de la ciudad. Alrededor del altar se colocan todos los que van a tomar parte en el acto de la ejecución. La portadora del agua lustral, la portadora de la cesta con los granos de cereal que recubren el cuchillo destinado a degollar a la víctima, el sacrificante y sus asistentes, luego los participantes: es decir, aquellos en nombre de los cuales se realiza el sacrificio.

El sacerdote, mientras pronuncia las plegarias acostumbradas, asperja con agua la cabeza de la víctima (se trata de obtener su «asentamiento» haciéndole bajar la cabeza, mientras se la purifica)y ofrece las primicias del sacrificio, echando sobre el fuego que arde sobre el altar los granos de la cesta y algunos pelos de la cabeza del animal.Esta es la fase de consagración sin la que no puede haber sacrificio. El ''boutopos'', el degollador de bueyes, puede entonces abatirá al animal golpeándole con el hacha en la frente. La segunda fase de la muerte ritual; el degollamiento. Para llevarla a cabo, la garganta del animal debe orientarse hacia arriba, y la sangre debe saltar hacia el cielo antes de rociar el altar y la tierra. Habitualmente, la sangre se recoge en un vaso preparado a tal efecto y luego se derrama sobre el altar.En el momento de la muerte, las mujeres presentes lanzan el indispensable grito ritual
''Thyein'': matar de manera ritual, comprende necesariamente estas dos operaciones de consagración y de degollamiento. La tercera secuencia del sacrificio consiste en el descuartizamiento y el reparto de la víctima. Aquí comenzaba el trabajo de carnicería. El ''mágeiros'' después de abrir el tórax del animal extrae las vísceras, pulmones y corazón, después el hígado, el bazo y los riñones, y finalmente separa el aparato digestivo, que serán consumidos en forma de salchichas y morcillas.

Entonces se procede al deshojamiento: en los sacrificios privados, la piel es para el sacerdote; en los sacrificios públicos, se revende y los beneficios van al tesoro sagrado. Después se procede al descuartizamiento que se hace en dos partes y según dos técnicas diferentes:

Primero, una partición siguiendo las articulaciones se separan los fémures (''méria'') de la carne de los muslos y se colocan sobre el altar donde son recubiertos con grasa, rociados con una libación y con perfumes y después quemados: ésta es la parte de los dioses. El humo que se eleva hacia el cielo es su alimento, al tiempo que el vector de la comunicación que el sacrificio establece entre el mundo de los hombres y de los dioses.

Entonces, los asistentes del sacerdocio ensartan las vísceras y las asan sobre el altar y, después, se reparten entre los sacrificantes y se consumen inmediatamente allí mismo. Las vísceras representan lo más vivo y más precioso que posee la víctima y, por eso, su consumición asegura la máxima participación en el sacrificio. El resto de la carne se corta en partes iguales: la masa de carne se corta con golpes paralelos del cuchillo, sin tener en cuenta las diferentes partes del animal, y ya no siguiendo sus articulaciones. Una parte se reserva a los dioses (en Atenas, la consumen los pritanos), y la otra se distribuye al peso. Unas veces las partes se echan a suertes, otras se asignan según los méritos o el honor, sin que la igualdad de peso excluya evidentemente, vista la manera de cortar, la desigualdad en la calidad de laspartes.





Los Oraculos



Los Oráculos griegos constituyen un aspecto fundamental de la religión y de la cultura griegas. El oráculo es la respuesta dada por un dios al que se le ha consultado una cuestión personal, concerniente generalmente al futuro. Tales oráculos no pueden ser recibidos más que de ciertos dioses, en los lugares precisos, sobre sujetos determinados y con respeto a unos ritos rigurosamente respetados. El principal dios adivino es Apolo, cuyo oráculo está en Delfos.

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Oraculo de Delfos



Fuentes de La Religión



La religión griega no existía como tal. Es necesario, para conocerla, apoyarse en un conjunto importante de fuentes, que son principalmente de orden literario, epigráfico y arqueológico. Por muy ricas e interesantes que sean, todas esas fuentes no son realmente pertinentes más que consideradas juntas.
Las fuentes que permiten aprender la religión griega son principalmente de carácter literario. Lo más notable es la ausencia de textos sagrados. Ninguna de estas fuentes es de naturaleza divina, ni religiosa, ni enuncia un dogma ni describe de manera normativa los ritos. Se tiene sólo un conjunto dispar de textos literarios, en los cuales hay mezclados de forma dispersa elementos de naturaleza religiosa,leyendas, mitos.




Fe, piedad e impiedad


Mientras que los mitos griegos son célebres, su religión parece menos conocida. Una de las razones de esta paradoja es que es un problema que nunca ha sido elucidado: no es fácil, en ausencia de testimonios directos — la mayoría de las fuentes eran literarias — que se pronuncien sobre la naturaleza real de la fe y del sentimiento religioso del pueblo griego. En un sentido, es imposible afirmar simplemente que los griegos creían en sus mitos y otorgaban un crédito real a sus prácticas. Dos hechos son, sin embargo, asegurados por los textos:

Su contenido era aceptado por los griegos de la época;
la piedad (y no la fe) era real.
La religión griega no parece pues haber requerido una adhesión profunda en un dogma, que no existe además, sino el simple respeto a los ritos.

Los términos griegos a retener son los siguientes: εὐ̓σέϐεια eusébeia piedad y ἀσέϐεια asébeia impiedad. Sin dogma, la noción de piedad es difícil de percibir. La impiedad, por el contrario, lo es menos. Se la entiende como una ausencia de respeto a la consideración de los ritos de una ciudad, considerada como un crimen merecedor de una denuncia ante los tribunales. Así, hay que suponer que los fieles de una nueva religión o de un dios nuevo en la ciudad que desean practicar su culto, deben pedir autorización, que será sometida a voto. Resultante de este voto, la integración, del dios o del culto se hará o no se hará. Es por esta razón que la «impiedad» de Sócrates (circa 469-399 a. C.) le condujo a la pena capital, pronunciada por la ciudad de Atenas. Esto, en efecto, había sido juzgado impío por haber introducido en su ciudad un culto sin respetar los ritos religiosos y cívicos de integración. Por lo visto, la impiedad griega tiene poco que ver con la ausencia de creencia o de fe. Incluso, se juzgaba impío el exceso de «piedad», como la superstición.

Se puede pues definir la piedad griega como lo contrario de la impiedad: es el respeto en su justa medida, el conocimiento de los límites a no franquear con las leyes divinas; se trata ante todo de respetar las tradiciones de los ancestros y de otorgar a los dioses lo que se les debe (ofrendas, oraciones), libre de cumplir los ritos sin conocer el significado profundo. La oración es ante todo cívica (hay que indicar también que el cargo del sacerdote, salvo en raros casos, es civil y que no existe el clero): cada ciudad está protegida por una divinidad tutelar. Faltarle el respeto, es arriesgarse a que cese de asegurar esta protección, peligro que concernirá a todos los ciudadanos. Se puede explicar así la gravedad de la pena inflingida a Sócrates: introduciendo ilegalmente nuevos cultos, se arriesgaba de vejar a los dioses de la ciudad y de debilitar su protección.



La muerte en la Antigua Grecia


La civilización griega nos ha dejado herencias en muchos campos, también en el de la muerte, a la que daban mucha importancia.

La civilización griega es la base de la cultura occidental. Sus conocimientos han tenido increíble influencia en la lengua, política, educación, pensamiento, arte y ciencia de la sociedad occidental actual.

La muerte para los griegos era muy importante, pues negar sepultura a un cadáver era condenar a vagar al alma del difunto y por consiguiente crear un peligro a los vivos. Era de esencial que un griego fuera enterrado o incinerado en su patria.


*Ritual funerario en la Antigua Grecia

Una vez fallecido, del difunto se encargaba su más allegada familia, que preparaban y amortajaban al finado sometiéndolo a un baño de agua y otro de aceite aromático. Se envolvía al difunto en un sudario dejando el rostro al descubierto y se le ponía algunas alhajas. Lo más significativo y lo que ha pasado a la historia como leyenda tradicional es la moneda que ponían en la boca del fallecido. Este óbolo era de poco valor económico, pero de mucho valor simbólico. La moneda serviría para pagar a Caronte, que según la mitología griega era el barquero que transportaría el alma del difunto hasta su destino final, el Hades.

Al día siguiente del deceso y una vez el cuerpo estaba listo, se exponía en el domicilio para velarlo. Este ritual recibía el nombre de prothesis. El requisito para este ritual era que los pies del difunto señalaran a la puerta y la cabeza se cubriera con flores. Se avisaba de que se había producido el óbito con un vaso de agua en la puerta de la casa, que se traía de otra parte ya que el agua del domicilio se consideraba “contaminada” por el óbito. Al lado del vaso se colocaba una rama de ciprés, que ya era considerado árbol funerario. Al salir de velar al muerto se rociaba al visitante con un poco de agua para purificarlo.

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El cadáver era visitado por amigos y conocidos del difunto, aunque las visitas femeninas estaban sólo reservadas para las más allegadas. Las galas femeninas de luto eran negras. El cabello tenía que estar recogido y las presentes debían de lamentarse, cantando para expresar la pena por el deceso. Así, se golpeaban el pecho y se desgarraban las mejillas. Lloraban, lamentaban y oraban por el muerto. En algunas casas con recursos se contrataba incluso a plañideras que exageraban sus lamentaciones.

Como ejemplo de ello, se puede citar lo que dice el coro de esclavas que acompañan a Electra ante la tumba de Agamenón en Coéforas, 22-31, de Esquilo: “Enviada del palacio, llego aquí a ofrecer estos fúnebres presentes. Mi seno resuena bajo los golpes de mis manos, y mis mejillas sangran por las heridas que han abierto en ellas mis uñas. Mi corazón se nutre de suspiros, y estos linos de luto, estos linos con que los desgraciados heridos por el infortunio velan su seno, también ellos hechos jirones por mi dolor han exhalado su lamento.”

Después de tres días de velatorio, el fallecido estaba listo para recibir sepultura o cremación. Salía de la casa antes de amanecer y se efectuaba una procesión por las calles menos transitadas. En griego antiguo este ritual se llamaba ecforá. El difunto era conducido en un carro o en hombros hasta fuera de la ciudad, pasadas las murallas, y era sepultado o cremado (la incineración costaba algo más). Si el difunto era sepultado, el lugar se señalaba con algún elemento. Si era incinerado, sus cenizas se depositaban dentro de una urna que después permanecería en la casa. Más tarde, todos regresaban a la casa donde se había velado el cuerpo y realizaban rituales de purificación y grandes banquetes fúnebres.




Ofrendas


Pueden ser vistas, a la manera romana del do ut des («doy para que dés»), como una forma de regateo. La mayoría de las veces, sin embargo, las ofrendas son desinteresadas o son simples muestras de reconocimiento.

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Ofrendas espontáneas

La ofrenda desinteresada puede encontrarse, por ejemplo, en el campo: pasando cerca de un templo, un campesino deposita espontáneamente flores. Ciertas ofrendas son, sin embargo prescritas: es el caso de la libación, o σπονδή / spondế, ofrenda sistemática de algunas gotas de un líquido que se va a beber, gotas que se dejan caer al suelo, sobre la víctima de un sacrificio u otra ofrenda. A menudo, se trata de vino. La libación se lleva a cabo al menos tres veces al día: al levantarse, al cenar y al acostarse. Permite asimismo atraer rápidamente la atención de los dioses, a fin de proteger una partida, por ejemplo: es en este caso un gesto apotropaico («que aparta el mal»). Incluso, acompaña la firma de un tratado, así σπονδή / spondế, por metonimia, designa también el pacto. Puede así tener lugar en el marco de un ritual más codificado, como el de la invocación a los poderes ctónicos (cf. el extracto de Homero en la 1ª parte). Una libación, llamada χοή / khoế, se parece más al sacrificio, puesto que la bebida vertida no será consumida.

Es posible ofrecer vestidos a las estatuas de los dioses. Así, durante las grandes panateneas, se pasea en procesión la estatua de Atenea, vestida con un peplos tejido durante el año, en las fiestas de las Panateneas.



Ofrendas motivadas



Por otra parte, se practica la ofrenda (individual o colectiva) de objetos preciosos, que eran escondidos como un tesoro. La epigrafía muestra de manera exhaustiva ciertos tesoros, dado que su inventario debía ser exacto; el sacerdote saliente, debía efectivamente demostrar que no se llevaba nada y que mantenía sus cuentas (ver en particular los inventarios de Delos). Las ciudades victoriosas en tiempos de guerra practicaban este tipo de ofrenda oficial. La ciudad de Delfos ofrece numerosos testimonios: allí se alinean los tesoros llenos de objetos conmemorando la victoria (estatuas, pinturas) ofrecidos por las ciudades, a lo largo de la vía sagrada. A veces las ciudades rivalizaban entre ellas para ofrecer el tesoro más lujoso. Es notable que durante algunos episodios de la historia de Grecia, como la guerra del Peloponeso, los tesoros, ofrecidos por ciudades enemigas, celebren victorias de griegos contra otros griegos. La relación con el sentimiento religioso puede a veces parecer lejana.

Los griegos practicaban también el exvoto, objeto ofrecido en agradecimiento de una ayuda divina. La costumbre concierne principalmente a las curaciones atribuidas a Asclepio; se le ofrece generalmente una ofrenda representando el miembro curado. Los atletas, por otra parte, agradecían a los dioses su destino con una estatua de ellos mismos, en caso de victoria. Algunas ciudades como Olimpia, tenían emplazamientos específicos reservados a estas estatuas. De manera informal, cuando tenía lugar un suceso inesperado (como una pesca o una caza milagrosa), era costumbre reservar una parte del botín a los dioses.

Sacrificios.


Los sacrificios constituyen la forma de culto más técnica. Se podría describir el sacrificio, o θυσία / thysía (de un radical que significa humo), como una ofrenda, con la diferencia de que todo o parte de lo que se consagra a los dioses es destruido y que la parte restante, puede ser consumida por los hombres. Los sacrificios pueden ser cruentos o no (en este último caso, se sacrifican plantas, alimentos). El fuego es un compuesto esencial, sobre todo en los sacrificios cruentos: los dioses, en efecto, se alimentan de los humos sacrificiales, que deben subir hasta el Olimpo. Esto es, precisamente, el tema de Las Aves de Aristófanes: éstas, aliadas contra los dioses, les impiden alimentarse bloqueando humos sacrificiales.
Los rituales han sido fijados desde hace mucho. Los sacrificios descritos por Homero son comparables a los practicados ulteriormente.Precisamente, se halla la descripción completa en el canto I, versos 446-474, de la Iliada.


Ὣς εἰπὼν ἐν χερσὶ τίθει, ὃ δὲ δέξατο χαίρων
Παῖδα φίλην• τοὶ δ’ ὦκα θεῷ ἱερὴν ἑκατόμϐην
Ἑξείης ἔστησαν ἐύ̈δμητον περὶ βωμόν,
Χερνίψαντο δ’ ἔπειτα καὶ οὐλοχύτας ἀνέλοντο.
Τοῖσιν δὲ Χρύσης μεγάλ’ εὔχετο χεῖρας ἀνασχών•
Κλῦθί μευ ἀργυρότοξ’, ὃς Χρύσην ἀμφιϐέϐηκας
Κίλλαν τε ζαθέην Τενέδοιό τε ἶφι ἀνάσσεις•
Ἦ μὲν δή ποτ’ ἐμεῦ πάρος ἔκλυες εὐξαμένοιο,
Τίμησας μὲν ἐμέ, μέγα δ’ ἴψαο λαὸν Ἀχαιῶν•
Ἠδ’ ἔτι καὶ νῦν μοι τόδ’ ἐπικρήηνον ἐέλδωρ•
Ἤδη νῦν Δαναοῖσιν ἀεικέα λοιγὸν ἄμυνον.
Αὐτὰρ ἐπεί ῥ’ εὔξαντο καὶ οὐλοχύτας προϐάλοντο,
Αὐέρυσαν μὲν πρῶτα καὶ ἔσφαξαν καὶ ἔδειραν,
Μηρούς τ’ ἐξέταμον κατά τε κνίσῃ ἐκάλυψαν
Δίπτυχα ποιήσαντες, ἐπ’ αὐτῶν δ’ ὠμοθέτησαν•
Καῖε δ’ ἐπὶ σχίζῃς ὁ γέρων, ἐπὶ δ’ αἴθοπα οἶνον
Λεῖϐε• νέοι δὲ παρ’ αὐτὸν ἔχον πεμπώϐολα χερσίν.
Αὐτὰρ ἐπεὶ κατὰ μῆρε κάη καὶ σπλάγχνα πάσαντο,
Μίστυλλόν τ’ ἄρα τἆλλα καὶ ἀμφ’ ὀϐελοῖσιν ἔπειραν,
Ὤπτησάν τε περιφραδέως, ἐρύσαντό τε πάντα.
Αὐτὰρ ἐπεὶ παύσαντο πόνου τετύκοντό τε δαῖτα
Δαίνυντ’, οὐδέ τι θυμὸς ἐδεύετο δαιτὸς ἐί̈σης.
Αὐτὰρ ἐπεὶ πόσιος καὶ ἐδητύος ἐξ ἔρον ἕντο,
Κοῦροι μὲν κρητῆρας ἐπεστέψαντο ποτοῖο,
Νώμησαν δ’ ἄρα πᾶσιν ἐπαρξάμενοι δεπάεσσιν•
Οἳ δὲ πανημέριοι μολπῇ θεὸν ἱλάσκοντο
Καλὸν ἀείδοντες παιήονα κοῦροι Ἀχαιῶν
Μέλποντες ἑκάεργον• ὃ δὲ φρένα τέρπετ’ ἀκούων.

Tras hablar así, la puso en sus manos, y él acogió alegre
a su hija. Con ligereza la sacra hecatombe en honor del dios
colocaron seguidamente, en torno del bien edificado altar
y se lavaron las manos y cogieron los granos de cebada majada.
Crises, oró en alta voz, con los brazos extendidos a lo alto:
«¡Óyeme, oh tú, el de argénteo arco, que proteges Crisa
y la muy divina Cila, y sobre Ténedos imperas con tu fuerza
Ya una vez antes escuchaste mi plegaria, y a mí me honraste
e infligiste un grave castigo a la hueste de los aqueos.
También ahora cúmpleme este otro deseo:
aparta ya de los dánaos el ignominioso estrago!»
Así habló en su plegaria, y le escuchó Febo Apolo.
Tras elevar la súplica y espolvorear granos de cebada majada,
primero echaron atrás las testudes, las degollaron y desollaron;
despiezaron los muslos y los cubrieron con grasa
formando una doble capa y encima pusieron trozos de carne cruda.
El anciano los asaba sobre unos leños, mientras rutilante vino
vertía; al lado unos jóvenes asían asadores de cinco puntas.
Tras consumirse ambos muslos al fuego y catar las vísceras,
trincharon el resto y lo ensartaron en brochetas,
lo asaron cuidadosamente y retiraron todo el fuego.
Una vez terminada la faena y dispuesto el banquete,
participaron del festín, y nadie careció de equitativa porción.
Después de saciar el apetito de bebida y de comida,
los muchachos colmaron cráteras de bebida,
que repartieron entre todos tras ofrendar las primicias en copas.
Todo el día estuvieron propiciando al dios con cantos y danzas
los muchachos de los aqueos, entonando un peán en el que
celebraban al Protector; y éste se recreaba la mente al oírlo.



El sacrificio aquí descrito es una (ἑκατόμϐη / hekatombê), literalmente un «[sacrificio de] cien bueyes», lo que hay que entender metafóricamente como un sacrificio de gran envergadura. Homero describe las etapas:
  1. Purificación mediante el lavado de manos;
  2. Oración en el curso de la cual el oficiante recuerda lo que el dios ha realizado ya para él;
  3. Ofrenda de granos de cebada majada y no molida;
  4. El sacrificio propiamente dicho comienza:
    1. la cabeza del animal debe estar vuelta hacia el cielo para que la sangre suba hacia los dioses olímpicos,
    2. se degüella a las bestias,
    3. éstas son desolladas,
    4. sigue un recorte muy preciso de la piel, del cual no conocemos todos los detalles, a fin de separar lo que se va a consumir de lo que corresponde a los dioses,
    5. los muslos son quemados con vino,
    6. se distribuye enseguida lo que corresponde a los dioses (la grasa y los huesos de los muslos) y lo que corresponde a los hombres, carne y entrañas;
  5. comienza por fin el banquete propiamente dicho, el sacrificio era una ceremonia colectiva;
  6. tras haber comido, los convivios bebían juntos, sin haber olvidado las libaciones: es el συμπόσιον / («symposium»).
**Existe otro tipo de sacrificio cruento, el holocausto o ἐνάγισμα / enágisma, destinado a los dioses ctónicos; no es cuestión de compartir con los muertos, es porque la víctima está completamente quemada. Ésta está situada cerca del suelo, o directamente en el suelo, la cabeza vuelta hacia la tierra y su sangre es recogida en una fosa, el βόθρος / bóthros, a fin de alimentar los poderes de abajo, para invocarlos o aplacarlos. Este tipo de sacrificio es el que Homero describe en el extracto citado en el artículo referente a las fuentes de la religion de Grecia Antigua.

No hay que creer, sin embargo, que el sacrificio es un rito de un gran formalismo; existen múltiples variantes, dependiendo del lugar de culto; cada una exige su tipo de víctimas (raza, tamaño y color), sus tipos de actos. El exceso de formalismo, es lo que podría reprocharse a los |romanos; es visto como una forma de superstición. Las constantes son la elección del animal, que debe estar domesticado (buey, cabra, carnero, cerdo) y sin defectos; incluso el oficiante, que no actúa solo sino acompañado de acólitos, vestidos la mayoría de las veces de blanco y portando una corona; los objetos que servían para el sacrificio, como el cuchillo para degollar a la víctima, debían ser ἱερός / hierós («apropiados para el culto»). El sacrificio es siempre público, de donde la importancia del banquete y del symposio: es, en cierto modo, una forma de comunión entre los dioses y los mortales, y entre los hombres mismos en el seno de una comunidad más o menos importante.

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Principales Dioses:


El listado de los dioses mas importantes salen de la mitologia:


Zeus es en la mitología griega, dios del cielo y soberano de los dioses olímpicos. Zeus corresponde al dios romano Júpiter.

Según Homero, se consideraba a Zeus padre de los dioses y de los mortales. No fue el creador de los dioses y de los hombres; era su padre, en el sentido de protector y soberano tanto de la familia olímpica como de la raza humana. Señor del cielo, dios de la lluvia y acumulador de nubes blandía el terrible rayo. Su arma principal era la égida, su ave, el águila, su árbol, el roble. Zeus presidía a los dioses en el monte Olimpo, en Tesalia. Sus principales templos estaban en Dódona, en el Epiro, la tierra de los robles y del templo más antiguo, famoso por su oráculo, y en Olimpia, donde se celebraban los juegos olímpicos en su honor cada cuatro años. Los juegos de Nemea, al noroeste de Argos, también estaban dedicados a Zeus.

Zeus era el hijo menor del titán Cronos y de la titánida Rea y hermano de las divinidades Poseidón, Hades, Hestia, Deméter y Hera. De acuerdo con uno de los mitos antiguos sobre el nacimiento de Zeus, Cronos, temiendo ser destronado por uno de sus hijos, los devoraba cuando nacían. Al nacer Zeus, Rea envolvió una piedra con pañales para engañar a Cronos y ocultó al dios niño en Creta, donde se alimentó con la leche de la cabra Amaltea y lo criaron unas ninfas. Cuando Zeus llegó a la madurez, obligó a Cronos a vomitar a los otros hijos, que estaban deseosos de vengarse de su padre. Durante la guerra que sobrevino, los titanes lucharon del lado de Cronos, pero Zeus y los demás dioses lograron la victoria y los titanes fueron enviados a los abismos del Tártaro. A partir de ese momento, Zeus gobernó el cielo, y sus hermanos Poseidón y Hades recibieron el poder sobre el mar y el submundo, respectivamente. Los tres gobernaron en común la tierra.
Escultura del dios Zeus
Escultura del dios Zeus

En la obra del poeta griego Homero, Zeus aparece representado de dos maneras muy diferentes: como dios de la justicia y la clemencia y como responsable del castigo a la maldad. Casado con su hermana Hera, es padre de Ares, dios de la guerra; de Hebe, diosa de la juventud; de Hefesto, dios del fuego, y de Ilitía, diosa del parto. Al mismo tiempo, se describen las aventuras amorosas de Zeus, sin distinción de sexo (Ganimedes), y los recursos de que se sirve para ocultarlas a su esposa Hera.

En la mitología antigua son numerosas sus relaciones con diosas y mujeres mortales, de quienes ha obtenido descendencia. También sus metamorfosis en diversos animales para sorprender a sus víctimas, como su transformación en toro para raptar a Europa (véase Los toros y la mitología). En leyendas posteriores, en las que se introducen otros valores morales, se pretende mostrar al padre de los dioses a salvo de esta imagen libertina y lasciva. Sus amoríos con mortales se explican a veces por el deseo de los antiguos griegos de vanagloriarse de su linaje divino.

En la escultura, se representa a Zeus como una figura barbada y de apariencia regia. La más famosa de todas fue la colosal estatua de marfil y oro, del escultor Fidias, que se encontraba en Olimpia.



Hera es en la mitología griega, reina de los dioses, hija de los titanes Cronos y Rea, hermana y mujer del dios Zeus. Hera era la diosa del matrimonio y la protectora de las mujeres casadas. Era madre de Ares, dios de la guerra, de Hefesto, dios del fuego, de Hebe, diosa de la juventud, y de Ilitía, diosa del alumbramiento. Mujer celosa, Hera perseguía a menudo a las amantes y a los hijos de Zeus. Nunca olvidó una injuria y se la conocía por su naturaleza vengativa. Irritada con el príncipe troyano Paris por haber preferido a Afrodita, diosa del amor, antes que a ella, Hera ayudó a los griegos en la guerra de Troya y no se apaciguó hasta que Troya quedó destruida. Se suele identificar a Hera con la diosa romana Juno

Escultura diosa Hera
Escultura diosa Hera


Hefesto, en la mitología griega, dios del fuego y de la metalurgia, hijo del dios Zeus y de la diosa Hera o, en algunos relatos, sólo hijo de Hera. A diferencia de los demás dioses, Hefesto era cojo y desgarbado. Poco después de nacer lo echaron del Olimpo: según algunas leyendas, lo echó la misma Hera, quien lo rechazaba por su deformidad; según otras, fue Zeus, porque Hefesto se había aliado con Hera contra él. En la mayoría de las leyendas, sin embargo, volvió a ser honrado en el Olimpo y se casó con Afrodita, diosa del amor, o con Áglae, una de las tres gracias. Era el artesano de los dioses y les fabricaba armaduras, armas y joyas. Se creía que su taller estaba bajo el monte Etna, volcán siciliano. A menudo se identifica a Hefesto con el dios romano del fuego, Vulcano. La Fragua de Vulcano es el cuadro en el que Velázquez da su visión sobre los dioses transformándolos en campesinos o artesanos humanos

Escultura dios Hefesto
Escultura dios Hefesto



Hefesto, en la mitología griega, dios del fuego y de la metalurgia, hijo del dios Zeus y de la diosa Hera o, en algunos relatos, sólo hijo de Hera. A diferencia de los demás dioses, Hefesto era cojo y desgarbado. Poco después de nacer lo echaron del Olimpo: según algunas leyendas, lo echó la misma Hera, quien lo rechazaba por su deformidad; según otras, fue Zeus, porque Hefesto se había aliado con Hera contra él. En la mayoría de las leyendas, sin embargo, volvió a ser honrado en el Olimpo y se casó con Afrodita, diosa del amor, o con Áglae, una de las tres gracias. Era el artesano de los dioses y les fabricaba armaduras, armas y joyas. Se creía que su taller estaba bajo el monte Etna, volcán siciliano. A menudo se identifica a Hefesto con el dios romano del fuego, Vulcano. La Fragua de Vulcano es el cuadro en el que Velázquez da su visión sobre los dioses transformándolos en campesinos o artesanos humanos



Ártemis o Artemisa (mitología), en la mitología griega, una de las principales diosas, equivalente de la diosa romana Diana. Era hija del dios Zeus y de Leto y hermana gemela del dios Apolo. Era la rectora de los dioses y diosas de la caza y de los animales salvajes, especialmente los osos, Ártemis era también la diosa del parto, de la naturaleza y de las cosechas. Como diosa de la luna, se la identificaba a veces con la diosa Selene y con Hécate.

Aunque tradicionalmente amiga y protectora de la juventud, especialmente de las muchachas, Ártemis impidió que los griegos zarparan de Troya durante la guerra de Troya mientras no le ofrecieran el sacrificio de una doncella. Según algunos relatos, justo antes del sacrificio ella rescató a la víctima, Ifigenia. Como Apolo, Ártemis iba armada con arco y flechas, armas con que a menudo castigaba a los mortales que la ofendían. En otras leyendas, es alabada por proporcionar una muerte dulce y plácida a las muchachas jóvenes que mueren durante el parto.

Ártemis
Ártemis




Apolo (mitología), en la mitología griega, hijo del dios Zeus y de Leto, hija de un titán. Era también llamado Délico, de Delos, la isla de su nacimiento, y Pitio, por haber matado a Pitón, la legendaria serpiente que guardaba un santuario en las montañas del Parnaso. En la leyenda homérica, Apolo era sobre todo el dios de la profecía. Su oráculo más importante estaba en Delfos, el sitio de su victoria sobre Pitón. Solía otorgar el don de la profecía a aquellos mortales a los que amaba, como a la princesa troyana Casandra.

Apolo era un músico dotado, que deleitaba a los dioses tocando la lira. Era también un arquero diestro y un atleta veloz, acreditado por haber sido el primer vencedor en los juegos olímpicos. Su hermana gemela, Ártemis, era la guardiana de las muchachas, mientras que Apolo protegía de modo especial a los muchachos. También era el dios de la agricultura y de la ganadería, de la luz y de la verdad, y enseñó a los humanos el arte de la medicina.
Escultura dios Apolo
Escultura dios Apolo

Algunos relatos pintan a Apolo como despiadado y cruel. Según la Iliada de Homero, Apolo respondió a las oraciones del sacerdote Crises para obtener la liberación de su hija del general griego Agamenón arrojando flechas ardientes y cargadas de pestilencia en el ejército griego. También raptó y violó a la joven princesa ateniense Creusa, a quien abandonó junto con el hijo nacido de su unión. Tal vez a causa de su belleza física, Apolo era representado en la iconografía artística antigua con mayor frecuencia que cualquier otra deidad.



Atenea, una de las diosas más importantes en la mitología griega. En la mitología latina, llegó a identificarse con la diosa Minerva, también conocida como Palas Atenea. Atenea salió ya adulta de la frente del dios Zeus y fue su hija favorita. Él le confió su escudo, adornado con la horrorosa cabeza de la gorgona Medusa, su 'égida' y el rayo, su arma principal. Diosa virgen, recibía el nombre de Parthenos ('la virgen'). En agradecimiento a que Atenea les había regalado el olivo, el pueblo ateniense levantó templos a la diosa, el más importante era el Partenón, situado en la Acrópolis de Atenas.
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Afrodita, en la mitología griega, diosa del amor y la belleza, equivalente a la Venus romana. En la Iliada de Homero aparece como la hija de Zeus y Dione, una de sus consortes, pero en leyendas posteriores se la describe brotando de la espuma del mar y su nombre puede traducirse como 'nacida de la espuma'. En la leyenda homérica, Afrodita es la mujer de Hefesto, el feo y cojo dios del fuego. Entre sus amantes figura Ares, dios de la guerra, que en la mitología posterior aparece como su marido. Ella era la rival de Perséfone, reina del mundo subterráneo, por el amor del hermoso joven griego Adonis.

Tal vez la leyenda más famosa sobre Afrodita está relacionada con la guerra de Troya. Eris, la diosa de la discordia, la única diosa no invitada a la boda del rey Peleo y de la nereida Tetis, arrojó resentida a la sala del banquete una manzana de oro destinada "a la más hermosa". Cuando Zeus se negó a elegir entre Hera, Atenea y Afrodita, las tres diosas que aspiraban a la manzana, ellas le pidieron a Paris, príncipe de Troya, que diese su fallo. Todas intentaron sobornarlo: Hera le ofreció ser un poderoso gobernante; Atenea, que alcanzaría una gran fama militar, y Afrodita, que obtendría a la mujer más hermosa del mundo. Paris seleccionó a Afrodita como la más bella, y como recompensa eligió a Helena de Troya, la mujer del rey griego Menelao. El rapto de Helena por Paris condujo a la guerra de Troya.

Hades, en la mitología griega, dios de los muertos. Era hijo del titán Cronos y de la titánide Rea y hermano de Zeus y Poseidón. Cuando los tres hermanos se repartieron el universo después de haber derrocado a su padre, Cronos, a Hades le fue concedido el mundo subterráneo. Allí, con su reina, Perséfone, a quien había raptado en el mundo superior, rigió el reino de los muertos. Aunque era un dios feroz y despiadado, al que no aplacaba ni plegaria ni sacrificio, no era maligno. En la mitología romana, se le conocía también como Plutón, señor de los ricos, porque se creía que tanto las cosechas como los metales preciosos provenían de su reino bajo la tierra.

El mundo subterráneo suele ser llamado Hades. Estaba dividido en dos regiones: Erebo, donde los muertos entran en cuanto mueren, y Tártaro, la región más profunda, donde se había encerrado a los titanes. Era un lugar oscuro y funesto, habitado por formas y sombras incorpóreas y custodiado por Cerbero, el perro de tres cabezas y cola de dragón. Siniestros ríos separaban el mundo subterráneo del mundo superior, y el anciano barquero Caronte conducía a las almas de los muertos a través de estas aguas. En alguna parte, en medio de la oscuridad del mundo inferior, estaba situado el palacio de Hades. Se representaba como un sitio de muchas puertas, oscuro y tenebroso, repleto de espectros, situado en medio de campos sombríos y de un paisaje aterrador. En posteriores leyendas se describe el mundo subterráneo como el lugar donde los buenos son recompensados y los malos castigados

Poseidón, en la mitología griega, dios del mar, hijo del titán Cronos y la titánide Rea, y hermano de Zeus y Hades. Poseidón era marido de Anfitrite, una de las nereidas, con quien tuvo un hijo, Tritón. Poseidón, sin embargo, tuvo otros numerosos amores, especialmente con ninfas de los manantiales y las fuentes, y fue padre de varios hijos famosos por su salvajismo y crueldad, entre ellos el gigante Orión y el cíclope Polifemo. Poseidón y la gorgona Medusa fueron los padres de Pegaso, el famoso caballo alado.

Poseidón desempeña un papel importante en numerosos mitos y leyendas griegos. Disputó sin éxito con Atenea, diosa de la sabiduría, por el control de Atenas. Cuando Apolo, dios del sol, y él decidieron ayudar a Laomedonte, rey de Troya, a construir la muralla de la ciudad, éste se negó a pagarles el salario convenido. La venganza de Poseidón contra Troya no tuvo límites. Envió un terrible monstruo marino a que devastara la tierra y, durante la guerra de Troya, se puso de lado de los griegos.

El arte representa a Poseidón como una figura barbada y majestuosa que sostiene un tridente y a menudo aparece acompañado por un delfín, o bien montado en un carro tirado por briosos seres marinos. Cada dos años, los Juegos Ístmicos, en los que había carreras de caballos y de carros, se celebraban en su honor en Corinto. Los romanos identificaban a Poseidón con su dios del mar, Neptuno.

Ares, en la mitología griega, dios de la guerra e hijo de Zeus, rey de los dioses, y de su esposa Hera. Los romanos lo identificaban con Marte, también un dios de la guerra. Agresivo y sanguinario, Ares personificaba la brutal naturaleza de la guerra, y era impopular tanto para los dioses como para los seres humanos. Entre las deidades asociadas con Ares estaban su consorte, Afrodita, diosa del amor, y deidades menores como Deimo (temor) y Fobo (terror), que lo acompañaban en batalla. Aunque feroz y belicoso, Ares no era invencible, ni siquiera frente a los mortales.

El culto de Ares, que se creía originario de Tracia, no estaba muy difundido en la antigua Grecia y, donde existía, carecía de significación social o moral. Ares era una deidad ancestral de Tebas y tenía un templo en Atenas, al pie del Areópago o colina de Ares

Hermes, en la mitología griega, mensajero de los dioses, hijo del dios Zeus y de Maya, la hija del titán Atlas. Como especial servidor y correo de Zeus, Hermes tenía un sombrero y sandalias aladas y llevaba un caduceo de oro, o varita mágica, con serpientes enrolladas y alas en la parte superior. Guiaba a las almas de los muertos hacia el submundo y se creía que poseía poderes mágicos sobre el sueño. Hermes era también el dios del comercio, protector de comerciantes y pastores. Como divinidad de los atletas, protegía los gimnasios y los estadios, y se lo consideraba responsable tanto de la buena suerte como de la abundancia. A pesar de sus virtuosas características, también era un peligroso enemigo, embaucador y ladrón. El día de su nacimiento robó el rebaño de su hermano, el dios del sol Apolo, oscureciendo su camino al hacer que la manada anduviera hacia atrás. Al enfrentarse con Apolo, Hermes negó haber robado. Los hermanos acabaron reconciliándose cuando Hermes le dio a Apolo su lira, recién inventada. En el primitivo arte griego, se representaba a Hermes como un hombre maduro y barbado; en el arte clásico, como un joven atlético, desnudo e imberbe como puede comprobarse en el Hermes de Praxíteles, en Olimpia

Dioniso, dios del vino y del placer, estaba entre los dioses más populares. Los griegos dedicaban muchos festivales a este dios telúrico, y en algunas regiones llegó a ser tan importante como Zeus. A menudo lo acompañaba una hueste de dioses fantásticos que incluía a sátiros, centauros y ninfas. Los sátiros eran criaturas con piernas de cabra y la parte superior del cuerpo era simiesca o humana. Los centauros tenían la cabeza y el torso de hombre y el resto del cuerpo de caballo. Las hermosas y encantadoras ninfas frecuentaban bosques y selvas.