ARTE



Conjunto de manifestaciones artísticas desarrolladas por la cultura griega que se caracterizan por la búsqueda de la belleza ideal. Se designa como arte griego a todo el patrimonio arquitectónico, escultórico y pictórico que la civilización de la Hélade creó primero en el suelo griego y que después, gracias a la unidad lingüística, cultural y religiosa, extendió por sus colonias, políticamente autónomas, a lo largo de toda la cuenca del Mediterráneo.

La cultura elaborada por los griegos se halla en la base de la cultura occidental, de ellos arrancó la fijación de conceptos y principios que fundamentan el arte, la filosofía y el saber general posterior. Los griegos instituyeron el principio de la consideración racional del hombre y de la naturaleza, en la que encuentran la razón que explica la experiencia sensorial de la estética en el arte. El conocimiento de las partes y su relación con el todo está en la raíz de la belleza y de la virtud para los helenos: la belleza se define intelectualmente como la armonía de las partes en el todo. Estas ideas se plasman en la arquitectura y en la escultura con la aplicación de los conceptos de orden arquitectónico y canon de belleza, en ambos casos, la armonía, la belleza, se entiende, como la proporción numérica entre las partes (de un edificio o del cuerpo) con el todo.

El estudio del arte griego suele dividirse en tres grandes etapas: el período arcaico, desde el siglo VII a.C. hasta el año 480 a.C. (final de las guerras médicas); el período clásico, desde esta fecha hasta la muerte de Alejandro Magno y, por último, la etapa helenística que perdurará hasta la dominación romana (véase: Imperio Romano). Suele considerarse como precedente de estos períodos la existencia de una etapa anterior a la arcaica, denominada edad oscura o prehelénica.

Arte prehelénico



El arte prehelénico se divide en dos períodos, el minoico y el micénico. El minoico tuvo lugar en la isla de Creta, desde el tercer milenio a.C. hasta finales del segundo; mientras que el micénico se desarrolló en la península del Peloponeso y Asia Menor a lo largo del segundo milenio a.C.

Fue en estas culturas prehelénicas donde surgió un tipo de edificio que tendrá una gran repercusión en la época clásica: el megarón, núcleo del palacio y germen del templo griego. La arquitectura minoica se caracterizó por la construcción de palacios, de los cuales el más importante es el de Cnosos. Por su parte, lo más representativo del arte micénico fueron las tumbas, entre la que destaca el denominado Tesoro de Atreo.

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El arte helénico tiene su antecedente inmediato en la civilización cretense, si bien, pronto adquirió un desarrollo independiente, con objetivos diferentes y logrando unos valores universales que han sobrepasado con mucho su primitivo ámbito cronológico y geográfico. Sus construcciones arquitectónicas y escultóricas han ejercido una impresionante influencia y han representado el referente obligado para multitud de generaciones de artistas a lo largo de los siglos que han perseguido los valores de equilibrio formal y estético, así como la universalidad propia de los artistas griegos. El arte griego ha marcado un referente para la civilización occidental, sus modelos se han constituido en clásicos y los cánones escultóricos y arquitectónicos han perdurado hasta nuestros días con multitud de recreaciones a lo largo de la Historia de Occidente.

Según algunas teorías las invasiones de los eolios, jonios y dorios a finales del segundo milenio acabaron con las culturas minoica y micénica y por tanto con el arte prehelénico, sentando las bases para el desarrollo de un nuevo estilo, que tradicionalmente se ha venido en llamar arte griego y que se subdividiría en tres grandes etapas: arcaico, que ocuparía desde el siglo VII a.C. hasta el 480 a.C.; clásico, que se correspondería con los siglos V y IV a.C.; y helenístico que abarcaría desde Alejandro Magno hasta la conquista romana en el 31 a.C.

El desarrollo del arte griego



El arte griego se caracterizó por la representación naturalista de la figura humana tanto en su aspecto formal como en la expresividad emocional y el movimiento. El cuerpo humano se convirtió, de este modo, en el motivo fundamental del arte griego, que se sirvió de los mitos, la literatura y la vida cotidiana como modelos de inspiración.

Han llegado hasta nuestros días pocos ejemplos artísticos intactos, tanto arquitectónicos como escultóricos; en lo referente a la pintura, esta escasez es aún mayor, ya que no se ha conservado ningún gran ciclo decorativo. Sin embargo, en lo referente a las denominadas artes menores, cerámica, numismática, joyería o piedras preciosas, si se han conservado importantes restos, que junto a las pinturas funerarias etruscas, las imitaciones realizadas por los artistas romanos y las descripciones literarias de viajeros de la Antigüedad que vieron in situ las muestras artísticas que hoy se conservan fragmentadas, nos dan una idea bastante fidedigna de lo que tuvo que ser el arte griego.

La función principal del arte griego ya fuese en lo referente a la arquitectura, la pintura o la escultura monumental, fue, al menos hasta finales del siglo IV a.C., de carácter público, con motivos religiosos o conmemorativos de importantes acontecimientos sociales. Sólo para la decoración de las tumbas se desarrolló un arte privado. Sin embargo, la producción de las denominadas artes decorativas se centró casi exclusivamente hacia los objetos de uso privado; buen ejemplo de ello son los ajuares, compuestos por vasijas de terracota ricamente pintadas y en los casos de familias más ricas, compuestos por vasijas de metal y espejos.

El material preferido por los arquitectos griegos fue sin duda el mármol y la piedra caliza, relegando a la madera al armazón de las techumbres y las tejas a su recubrimiento. En cuanto a la escultura, los artistas usaron fundamentalmente el mármol y la caliza, aunque también trabajaron la arcilla y en ocasiones el bronce. Las grandes esculturas religiosas se realizaron en láminas de bronce o se recubrieron de metales preciosos y marfil, sobre estructuras internas de madera. Las esculturas en piedra y arcilla estuvieron pintadas de colores brillantes, de forma total o parcial. En cuanto a la pintura, se sabe que los artistas realizaron grandes murales con colores al agua. La cerámica se realizaba en tornos de alfarero y una vez seca se pulía, pintaba y cocía.

El período más brillante del arte griego estaría comprendido entre los siglos V y IV a.C., es decir, en el denominado período clásico.

Para los griegos la belleza de la obra artística estaba por encima de su utilidad, les interesaba el equilibrio de las proporciones por encima de cualquier otra concepción. Se diferencia tres órdenes arquitectónicos, el dórico, jónico y corintio.

La muerte de Alejandro Magno (323 a.C.) cierra la época clásica y da lugar al helenismo, que llegaría hasta el 31 a.C. con la conquista de Grecia por Roma. El helenismo está marcado por el florecimiento de las escuelas artísticas de Alejandría, Antioquía, Pérgamo y Rodas. El helenismo deriva directamente de la civilización helena, pero se dotó de rasgos propios nacidos de las nuevas condiciones políticas y sociales en las que se desarrolló la actividad de los artistas y de la influencia de los estados en los que se disgregó el inmenso imperio de Alejandro Magno.

Pese a la dispersión geográfica del helenismo, el arte de este período presentó rasgos unitarios entre los que destacó una creciente tendencia al realismo, cada vez más acusada a medida que el artista adquirió libertad para representar cualquier tipo de iconografía, no ciñéndose ya a los temas religiosos o mitológicos.

Arquitectura griega



La arquitectura griega fue, en buena medida, de carácter religioso y se desarrolló básicamente en torno a los santuarios. Entre los numerosos conjuntos arquitectónicos existentes destacan los santuarios de Olimpia y Delfos y la Acrópolis de Atenas. En ellos se pueden encontrar algunos de los templos más representativos del arte griego en cualquiera de sus etapas.

Las características fundamentales de la arquitectura griega fueron el equilibrio, la proporción y la medida. El material constructivo por antonomasia fue el mármol, el cual era cortado en perfectos bloques que formaban sillares con los cuales se levantaban los edificios, estos, en su mayor parte, estaban rematados por un dintel.

En lo que a la arquitectura se refiere, el edificio más típico de los griegos fueron los templos y en ellos y para ellos se crearon los tres órdenes arquitectónicos clásicos, el dórico, jónico y corintio.

Las construcciones más antiguas de Grecia, correspondientes al siglo X a.C., se han localizado en Tirinto, Thermos y Samos, donde se puede apreciar la evolución del templo griego desde el megarón prehelénico.

A excepción de la época arcaica donde los templos se construyeron en madera y piedra, con anterioridad se construía en adobe y madera, lo habitual de los templos griegos fue el uso masivo del mármol como elemento arquitectónico. Fue en la época arcaica en la que nació el templo como edificio de culto, en un principio el culto se celebraba en pequeñas capillas anexas a los palacios, pero con el tiempo surgió la necesidad de construir edificios propios para éste fin, así surgieron los primeros templos, edificios modestos de planta rectangular compuestos por un espacio diáfano llamado naos, en el cual se encontraba la estatua del dios y por tanto era su morada. Esta estructura primitiva se fue complicando hasta llegar al templo clásico dividido en tres secciones. Tradicionalmente se ha considerado a los dorios como los constructores de los primeros templos en Grecia. Los templos clásicos se dividieron en tres partes, el pronaos (vestíbulo abierto), la naos (donde habita la divinidad y que se dividía habitualmente en diferentes naves separadas por columnas) y el opistodomos (donde se encontraba el ajuar, tenía una estructura similar a la del pronaos). Se caracterizan por la planta rectangular con nave alargada. Dependiendo de la forma de la planta y de la colocación de las columnas los templos se pueden clasificar en: anfipróstilo, si tiene columnas tanto delante como detrás del edificio; áptero, si carece de columnas y la planta es circular; díptero, si tiene dos filas de columnas; períptero, si se encuentra rodeado de columnas; pseudoperíptero, con columnas en los dos lados mayores del recinto; próstilo, con columnas en uno solo de los lados; tetrástilo, con cuatro columnas en el frente; hexástilo, con seis columnas en el frente; octásilo, con ocho columnas; decástilo, con diez columnas; y dodeástilo, si tiene doce columnas en el frente.

El otro edificio, junto con el templo, típico de la arquitectura griega fue el teatro. El teatro típico solía estar edificado en la ladera de una colina. En principio eran edificios ligados a las ceremonias religiosas en honor a Dionisio. Un teatro prototípico griego se dividía en tres partes, la escena (espacio en el que se representaba la obra teatral), la orquesta (donde se situaba el coro y que tenía planta circular) y por último, la gradería (donde se situaba el público, tenía forma semicircular y rodeaba a los otros dos elementos). Una variante del teatro griego fue el odeón, edificio utilizado para representaciones musicales y que tenía una estructura similar al teatro (véase: Historia del teatro).

La parte más importante de una ciudad griega estaba ocupada por la Acrópolis, lugar que se destinaba generalmente a la construcción bien de palacios o bien de edificios religiosos. La más famosa de las acrópolis griegas fue la de Atenas, dentro de la cual se encontraba el famoso Partenón.

Contrariamente a lo habitual en aquella época, los griegos no concedieron una especial importancia a la edificación de sepulcros, destacando tan sólo algunos ejemplos como el Mausoleo de Halicarnaso.

A partir del siglo XI a.C. cada ciudad griega contaba con una serie de edificios públicos entre los que se contaban teatros, estadios, gimnasios e hipódromos.

De los tres órdenes clásicos el más sobrio y simple fue el dórico, constaba de una base compuesta por tres escalones, que recibía el nombre de estilóbato; en el último de los escalones descansaban directamente las columnas acanaladas, ya que estas carecían de basa. El fuste era acanalado a arista viva, podía tener entre dieciséis y veinte acanaladuras, y se ensanchaba ligeramente en la parte central (dicho ensanchamiento recibía el nombre de éntasis). Las columnas se construían a base de bloques superpuestos de piedra perfectamente cortada. El capitel tenía una parte convexa en forma de almohadón redondeado. que se denominaba equino, y una piedra cúbica denominada ábaco. Sobre el capitel descansaba el entablamento, que se dividía en cuatro partes: arquitrabe, friso, cornisa y tejado. El friso estaba compuesto por los triglifos y las metopas. La fachada del templo estaba rematada por un frontón, en cuyo tímpano se situaban los relieves escultóricos.

En un templo dórico el número de columnas del pronaos variaba entre cinco o nueve en la parte posterior y anterior, y entre trece y dieciocho en los laterales. Todo el templo era un impresionante ejercicio de perfectas proporciones arquitectónicas en el cual cada elemento guardaba un asombroso equilibrio con el conjunto de la obra. Los templos dóricos eran estructuras considerablemente sólidas, lo cual ha permitido que su estructura se conserve en la actualidad, a excepción de las techumbres que al ser de madera se han deteriorado con el paso de los siglos. De todos, sin duda el más conocido es el Partenón.

A partir de la segunda mitad del siglo V se empezó a desarrollar, sobre todo en las ciudades de Asia Menor, un nuevo estilo arquitectónico conocido como jónico. El orden jónico era más esbelto y con mayores adornos que el dórico, pero sin caer en excesos decorativos, la novedad en las líneas se debió más que a cualquier otro aspecto a la respuesta estilística a una sociedad más refinada y culta. La columna se mantuvo como el elemento fundamental en el arte jónico. En él, las columnas se hacen más pequeñas pero más esbeltas que las dóricas. El fuste descansaba sobre la basa y esta sobre el estilóbato; el fuste se adornaba con 24 estrías que finalizaban en un adorno curvo llamado contario. El capitel estaba constituido por el cimacio sobre el que descansaban las volutas enroscadas, el elemento definitorio del orden jónico. El arquitrabe estaba formado por tres fajas y el friso estaba decorado con relieves; la cornisa por su parte, se mantuvo prácticamente inalterada.

El templo jónico mantuvo la misma estructura que el dórico, pero se orientó de forma distinta ya que miraba hacia el este en lugar de hacia el oeste. Quizá los templos jónicos más conocido sean el de Atenea Niké en Atenas, el Artemison de Efeso y el de Apolo Dídimo. En lo que a monumentos funerarios se refiere, en éste período se construyó el más famoso de todos ellos, el Mausoleo de Halicarnaso.

Por último, el orden corintio el cual mantenía en grandes líneas las normas del orden jónico. Pese a que el fuste era el más esbelto de los tres órdenes, las grandes novedades se incorporaron en el capitel, que ahora adoptó forma de campana, al cual se dotó de pequeñas volutas entre las que se colocaron hojas de acanto encorvadas hacia el exterior. En el friso y la cornisa se acentuaron los elementos decorativos. Lo más característicos del orden corintio fue la más que abundante ornamentación de todos sus elementos. El templo de Apolo en Corinto y el de Afaia en Egina son los ejemplos mejor conservados de estilo corintio.

A partir del siglo V a.C., se desarrolló el período propiamente clásico (450-405 a.C.), en el que se levantaron los edificios más representativos, sobre todo los de la Acrópolis de Atenas.

Entre ellos los más grandiosos fueron el Partenón, el Erecteión, de orden jónico, con la famosa Tribuna de las cariátides, y el templo de la Victoria áptera o Atenea Niké.

Además, existen otras construcciones del período clásico situadas fuera de la Acrópolis de Atenas. Son, por ejemplo, la Linterna de Lisícrates, primer modelo de orden corintio y pequeño monumento de planta circular levantado como recuerdo de un certamen poético ganado por Lisícrates, y el Teatro de Epidauro, uno de los mejores ejemplos de teatro griego.

Durante el período helenístico las construcciones griegas se difunden por Pérgamo, Mileto, Rodas y Alejandría donde se crean grandes edificios de carácter civil como el Faro de Alejandría, otros de finalidad religiosa o funeraria como el Altar de Zeus en Pérgamo y el Mausoleo de Halicarnaso, dedicado a conservar los restos funerarios de Mausolo, sátrapa de Caria. En Atenas, en este momento, se levantó el grandioso Templo de Zeus Olímpico.

Escultura griega



La escultura griega, al igual que la arquitectura, puede dividirse en tres períodos bien diferenciados: arcaico, clásico y helenístico.

Las primeras esculturas griegas, anteriores a la época arcaica, fueron pequeñas figuras humanas hechas de materiales dúctiles tales como la arcilla, el marfil e incluso la cera.

Se otorgó a la escultura griega la primacía absoluta en la representación de la figura humana. En el cuerpo humano, generalmente desnudo, se concretó el ideal de belleza formal como expresión de la armonía de las formas. En la época clásica el canon, como expresión de la belleza, fue definido por Policleto en siete cabezas, y por Lisipo en ocho; a él se unirá la movilidad y expresividad gestual de los sentimientos.

Hasta la definición del canon, la escultura pasa por la etapa arcaica donde se desarrolló el llamado estilo geométrico en las islas cretenses; con él surgen las primeras formas escultóricas, sin duda de carácter religioso, definidas por tener torsos triangulares, cabezas pequeñas sobre largos cuellos y talles de avispa, con un claro frontalismo y una rigidez primitiva, siempre estaban policromadas.

La escultura arcaica estuvo profundamente influenciada por el arte egipcio y en ocasiones también por el arte micénico y minoico. Lentamente, la libertad compositiva de los artistas griegos fue eliminando dichas influencias, el proceso finalizó en el período clásico, en el que se creó el verdadero arte escultórico griego. Las esculturas de los templos, situadas en los bajorrelieves que adornaban las metopas y los tímpanos, representaron siempre temas mitológicos y religiosos.

La escultura en la época arcaica tomó de Egipto los esquemas compositivos y el hieratismo de las figuras, pero matizado por la búsqueda constante de la perfección en las proporciones físicas y la simetría. En esta época se establecieron dos modelos básicos de belleza, el kuroi, que representaba el ideal masculino y se caracterizaba por ser una figura plenamente desnuda, con el rostro impávido, el pelo geométrico, el cuerpo estático y las formas cúbicas, todo ello influenciado por el hieratismo egipcio, pero lentamente fueron abandonando éste ideal para acercarse a un fuerte realismo caracterizado por la enigmática sonrisa arcaica (algunos de los ejemplos más representativos de kuroi son Cleobis y Biton del Museo de Delfos, del siglo VII a.C., y el Moscoforo del Museo de Atenas, de mediados del siglo VI a.C. ). El modelo de belleza femenino fue el korei, que a diferencia de los kuroi, se encontraban vestidas, con los pliegues de sus ropas en forma puramente geométrica, realizando algún tipo de actividad, con refinados adornos y peinados y ojos muy expresivos y saltones, sin embargo, la representación, al igual que en los kuroi, venía marcada por una absoluta frontalidad, conservando los brazos rígidos, pegados al cuerpo y con la pierna izquierda ligeramente avanzada. Ejemplos de korei son la Dama de Auxerre y la Hera de Samos, ambas conservadas en el Museo del Louvre.

En las primeras décadas del siglo V a.C. hay un avance en el naturalismo y en la idealización de las formas. En las figuras aparece la característica sonrisa que, como una mueca expresiva, tipifica las esculturas del Templo de Afaia, en Egina. En los frontones de dicho templo, realizados entre el año 490 y 480 a.C., queda resuelto el problema de adaptación de las figuras al marco arquitectónico, lo mismo que en el Templo de Zeus en Olimpia. De los últimos momentos del período arcaico son las estatuas del Auriga de Delfos, el Poseidón y el grupo de Los Tiranicidas, que testimonian los logros obtenidos en la estatuaria exenta, así como los relieves del Trono Ludovisi (Museo de las Termas de Roma).

Con el paso del tiempo los escultores griegos alcanzaron un mayor conocimiento de la anatomía humana, con lo que los cuerpos se volvieron más perfectos, al tiempo que los rostros fueron perdiendo su inexpresividad. En la transición hacia la época clásica la escultura sufre una profunda revisión, los relieves de los elementos arquitectónicos se adaptan dócilmente a la imposición del marco arquitectónico en el que han de encuadrarse, el tímpano triangular; por otro lado, se empieza a notar una tendencia hacia el realismo anatómico, mayor dinamismo, la naturalidad expresiva, se abandona la sonrisa arcaica y se empieza a trabajar el bronce como elemento escultórico.

Hacia el 480 a.C., en tiempos de Pericles, se concreta el clasicismo griego gracias a las obras de tres grandes escultores, Mirón, Policleto y Fidias; con ellos, el concepto de belleza quedó definido como un arquetipo a imitar. Las obras de los grandes escultores de éste período han causado admiración a lo largo de los siglos.

Mirón destacó por sus obras en bronce, que captaron la figura humana en un movimiento instantáneo. Su obra más representativa es, sin duda, el famoso Discóbolo, en el que plasmó el estudio de la anatomía tensa por el esfuerzo físico que, conforme a los principios de la inmutabilidad clásica, no afecta a la expresividad serena del rostro. Pese a todo, Mirón mantuvo ciertos convencionalismos arcaicos, no sólo en la expresión, sino también en el frontalismo del lanzador de disco.

Policleto planteó en la teoría y en la práctica sus ideales de belleza. En su obra escrita, Symmetria, estableció el canon de siete cabezas, en su Doríforo lo aplicó. Esta obra representó a un joven atleta, portador de una lanza, cuya anatomía, al igual que otra de sus creaciones, el Diadúmenos o atleta que ceñía la diadema victoriosa, marcaba la proporción del canon de siete cabezas que determinaba la relación armónica de las partes con el todo, y todas ellas entre sí.

La perfección arquetípica del clasicismo griego fue alcanzada con Fidias. Las esculturas y bajorrelieves que hizo para el Partenón han sido consideradas como la expresión más perfecta de la anatomía del cuerpo humano en movimiento y en toda su majestuosidad. Sus obras representaron a dioses que eran como hombres y a hombres que eran como dioses. La suprema idealización de las formas humanas, el característico estilo de "paños mojados", que se adhieren al cuerpo en menudos pliegues marcando con absoluto realismo la belleza de las líneas corporales, son los elementos que lo caracterizan. De la decoración escultórica del Partenón -en su mayor parte en el Museo Británico- destacan dos frontones: el primero representa el Nacimiento de Palas Atenea, y el otro, las Luchas entre Poseidón y Atenea por el Ática; las 52 metopas con temas que narran las luchas de los dioses contra los que se oponen al orden en el Olimpo; y el friso exterior en el que se representa la famosa Procesión de las Panateneas que ceremoniosamente ofrecen a la diosa el peplo y dones.

De Fidias, además, se conocen dos obras desaparecidas, la Estatua sedente de Zeus y la de Palas Atenea Parthenos que presidieron los templos de Zeus en Olimpia y el Partenón, respectivamente.

En el siglo IV a.C. surgen otros escultores que marcan líneas de evolución distintas de la serenidad idealista fijada por Fidias y de su técnica de paños mojados. Scopas, Praxíteles y Lisipo, tres de los grandes escultores de este siglo, van a innovar en la expresividad, en el claroscuro, en la perfección técnica y el movimiento estudiado y sensual y, el último, Lisipo, dará una nueva versión del canon de proporciones.

Scopas exalta la expresión patética, el sentimiento trágico y convulsionado. Sus obras atribuidas son la Ménade, los relieves del Mausoleo de Halicarnaso y la del joven Meleagro (actualmente en el Vaticano).

Praxíteles es el escultor de la belleza sensual, acentuada por la sinuosidad de los perfiles mediante la técnica de crear una curva al apoyar el peso corporal en una pierna, que define la característica "curva praxiteliana". De otra parte, el tratamiento difuminado que da a las superficies de sus obras, lejos de los intensos claroscuros de las obras de Fidias, confiere una indolente ingravidez y afeminamiento a las figuras, separándolas de las de otros escultores. Sus obras más representativas son el Hermes de Olimpia con el niño Dionisio, el Apolo sauroctono y, el magnífico desnudo femenino de la Venus o Afrodita de Cnido, el primero de su especie que representa a la diosa en el momento preciso de salir del baño.

Con Lisipo se alcanza la estilización al alargar el canon de sus esculturas, y se apuntan nuevas concepciones realistas, según vemos en el Apoxiomenos, joven atleta que, cansado después del combate, está limpiándose la suciedad con el estrígilo. Se trata de una representación en la que lo cotidiano se impone a lo heroico y divino de las obras anteriores, incluso cuando quiere esculpir la imagen de un dios, Hermes, lo hace atándose una sandalia, o en el Ares Ludovisi, descansando después del combate. Un signo más de su realismo son los numerosos retratos que hizo, sobre todo a Alejandro Magno.

Fue en el clasicismo cuando los escultores introdujeron el concepto de contrapposto, el cual consistía en representar a la figura sobre una pierna mientras la otra quedaba libre, en movimiento. En éste período los artistas griegos buscaron la individualización del personaje por medio de sus características físicas y tratando de representar los sentimientos humanos y la expresividad en la escultura, pero siempre de forma ciertamente idealizada, ya que lo que perseguían los escultores era la perfección de la obra de arte. La perfección para el artista griego consistía en una mezcla de naturalismo, espontaneidad y misticismo.


El helenismo surgió en la zona oriental de Grecia en torno a finales del siglo IV a.C. El tema clásico del arte helenístico fue la exaltación del placer en cualquiera de sus formas. Las representaciones divinas son humanizadas, se representa a la Humanidad en todas sus edades, desde la ancianidad hasta la niñez.

En el período helenístico, aunque hay una cierta continuidad con las tendencias clásicas, sobre todo en Atenas, como vemos en la Venus de Milo (conservada en el Museo del Louvre) o en la Victoria de Samotracia, enseguida se aprecia una orientalización de los temas y una pérdida del equilibrio formal y serenidad clásica. Los caracteres no van a ser homogéneos en las numerosas escuelas que surgen entre los reinos helenísticos, dependen de su historia previa, de los materiales que se usen y sobre todo de la relación con Grecia. Son escuelas representativas, entre otras: Pérgamo, donde surgió una importante escuela escultórica de la mano de Epígono, Isígono y Antígono, con sus relieves del friso del altar de Pérgamo, hoy reconstruido en el Museo de Berlín, y las estatuas Galo suicidándose y Galo moribundo; la escuela de Rodas, que fue la cuna de una escuela que mostró un gusto especial hacia el gigantismo, el movimiento y la expresividad del dolor, los artistas más importantes de dicha escuela fueron Agesandro, Polidoro, Atenodoro, Menécrates, Apolonio y Taurisco de Tralles. Esta fue la escuela de mayor grandiosidad y barroquismo con temas como El toro Farnesio, la ya citada Victoria de Samotracia o la más simbólica obra del arte helenístico, el grupo escultórico de Laocoonte y sus hijos (conservada en el Vaticano), realizado hacia el año 50 a.C., y de gran trascendencia para la escultura renacentista por el influjo ejercido en Miguel Ángel tras ser descubierto en el año 1506.

En Egipto, la escuela de Alejandría integró los elementos griegos con la tradición egipcia; al realismo humano y paisajístico se unió la simbología alegórica bajo formas humanas, por ejemplo en la representación del río Nilo.

Pero la más fructífera de las escuelas helenísticas fue la de Atenas, donde destacaron los maestros Boetas y Apolonio, allí el sentido clásico se plasmó en una serie de obras: El niño de la espina, el Apolo del Belvedere (firmada por Apolonio). Estas obras influirán en la estatuaria romana, donde incluso se instala, desde mediados del siglo II a.C., una corriente nostálgica del pasado en la que se copian obras de los grandes clásicos para decorar las villas y palacios de la aristocracia dominante. Gracias a ellos hemos podido conocer las grandes obras del pasado.

Pintura griega



En la actualidad es muy poco lo que se conserva de la pintura griega, siendo conocida fundamentalmente por las descripciones literarias y por las copias romanas. Las muestras más importantes que se han conservado son las que adornan la bellísima cerámica griega, que nos pueden dar una idea del nivel alcanzado por los pintores helenos.

La pintura griega está estrechamente ligada a la cerámica y es allí donde se encuentran los únicos modelos puramente griegos que se conservan en la actualidad. El primer período pictórico griego (siglos IX-VIII a.C.) recibe el nombre de geométrico debido a que los diseños, muy elementales, presentaban formas geométricas que prácticamente no destacaban de la superficie. Con el paso del tiempo los diseños se fueron haciendo más complejos y cobraron volumen. Ya en el período arcaico surgieron las primera figuras humanas, muy estilizadas. En estos primeros momentos el tema pictórico era únicamente el mitológico. Las escenas se disponían en franjas horizontales paralelas que narraban la historia mitológica. Parece ser que la pintura, o al menos la realizada en cerámica, sufrió una crisis durante el período clásico, de la que no se recuperó hasta el helenismo, cuando aparecen piezas llenas de colorido que contrastan con la sobriedad anterior.

Pintores como Polignoto, Zeuxis, Parrasio o Timantes (del siglo V a.C.) , Apeles y Filoxenos de Eretría (del siglo IV a.C.), han sido frecuentemente tomados como modelos de perfección, sin que realmente se conozca ninguna de sus obras originales. La pintura, sin embargo, se ha podido estudiar a través de la cerámica; de gran perfección técnica, con perfiles negros que se destacan sobre fondos rojos, es una buena muestra el Ánfora de los Museos Vaticanos (obra de Exequias). Se suele atribuir a Andócides, hacia el año 530 a.C., la invención del procedimiento en el que las figuras rojas destacan sobre fondos negros, buenos ejemplos de ello son las obras del Pintor de Nióbides y Pintor de las Cañas, ambas del siglo V a.C.
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Cerámica



La cerámica griega alcanzó un desarrollo no conocido por la cerámica de ningún otro lugar en la época. Dada su tremenda calidad se extendió por todo el Mediterráneo como un elemento de lujo que hacía referencia a la alta posición social de su poseedor. La cerámica es quizá el mejor medio que tenemos para conocer como tuvo que ser la pintura griega e incluso para conocer determinados aspectos de la vida social de los griegos.

El papel de la pintura en la cerámica griega fue de vital importancia, hasta el punto de que los diversos estilos cerámicos se clasifican, no por sus formas, si no por los colores con los que están pintadas. Las cerámicas de la época arcaica se decoraban con figuras humanas cuyas siluetas iban en negro sobre un fondo claro, con composiciones sencillas. En el siglo VII a.C. la figura humana se torna en lo más importante de la composición cerámica, se pintaban siluetas sobre un barniz negro y para resaltar la figura se realizaban incisiones en tonos blancos y rojos. A lo largo del siglo VI a.C. se impondrá un estilo cerámico caracterizado por la representación de figuras negras sobre un fondo rojizo claro. Se representaban toda clase de temas, haciéndose más hincapié en los aspectos narrativos sobre los decorativos. A finales del siglo se produjo un importante cambio cromático en la cerámica, las figuras adoptaron el color rojo y el fondo se pintó en negro, pese a ello, no se produjo ninguna transformación en la temática. Ya no era necesario realizar incisiones debido a que el fuerte contraste de los colores lograba este objetivo.

Un tipo especial de cerámica fueron los vasos funerarios ('lékythos') que eran policromados en tonos azules, amarillos, ocres e incluso morados.

vestigios:

El arte antiguo griego ha perdurado en la forma de esculturas y arquitectura; también en artes menores como el diseño de monedas, el grabado de alfarería y gemas.

algunas de las figuras del arte griego:


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Diadumeno de policleto



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Discobolo de mirón


Bibliografía

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