La Época Arcaica (776 a.C.-500 a.C.) es la etapa en la que la Hélade se recupera del sombrío periodo anterior, cristalizando la civilización griega, al nacer las primeras ciudades estado (Πολις). Esta fase queda emplazada entre la Edad Oscura y la Época Clásica, es decir, desde el siglo VIII a. C. al comienzo del siglo V a. C. Como convencionalismo el inicio podría establecerse el año de la celebración de los primeros Juegos Olímpicos, el año 776 a.C.; mientras que el final lo marcaría el inicio de las Guerras Médicas, en el año 499 a. C., cuando los griegos de Asia Menor pidieron ayuda a las metrópolis de la Hélade para frenar la expansión del Imperio Persa.

El ascenso de Grecia


El siglo VIII a.C. marca el fin de la Edad Oscura en Grecia, un periodo de retroceso que siguió a la caída de la Civilización Micénica. A pesar de haber perdido buena parte de su acervo cultural, incluida la escritura lineal, los griegos volvieron a ser un pueblo letrado al adoptar el alfabeto fenicio y adaptarlo a su idioma. El alfabeto griego, del que tenemos los primeros testimonios poco después del 800 a. C., difiere muy poco del que se usa 2800 años después.

En esta época los griegos se organizaban en pequeñas comunidades agropecuarias aisladas por lo accidentado del terreno que habitaban: cuajado de valles en el interior, y de unas recortadas costas, atestadas de cabos, golfos e islas en el litoral. A pesar de la pobreza de la tierra y de la dureza del clima, el progreso griego fue continuo y las pequeñas aldeas originarias acabaron uniéndose en un proceso llamado sinecismo, que dio lugar al nacimiento de las Polis o ciudades estado de la antigua Grecia.

Paralelamente, la presión demográfica y la prosperidad económica mal repartida provocó un aumento demográfico unido a una mayor conflictividad social que tuvo, básicamente, dos válvulas de escape: la Colonización del Mediterráneo y las Tiranías.

La colonización del Mediterráneo


Una de las salidas de los griegos con menos posibilidades económicas fue la colonización de otras zonas del Mediterráneo. Generalmente el gobierno de la polis era el que organizada las propias expediciones de colonización, de modo que se convertía en la ciudad-madre, o metrópolis, que fundaba ciudades subsidiarias o colonias que, en muchos de los casos mantuvieron la relación de dependencia religiosa, comercial o, cuando menos, de alianza, con su región de origen. Las primera zonas colonizadas eran las más cercanas: el Mar Egeo, Chipre, el Mar Negro, Asia Menor (que se convirtió en una parte esencial del ámbito griego, recibiendo el nombre de Jonia, con ciudades tan esenciales como Pérgamo, Éfeso, Mileto o el mismo Bizancio…).Cuando se inventó la moneda, las colonias adoptaban la moneda de cada polis.

Pero la expansión continuó hacia el oeste, formándose, por ejemplo, una próspera región completamente helenizada en el sur de Italia y Sicilia llamada Magna Grecia, donde brillaban con luz propia Siracusa, Tarento, Síbaris, Nápoles… Los Griegos recorrieron toda la costa italiana y francesa, y lo intentarón con la península Ibérica, hasta chocar contra otro pueblo en plena expansión comercial: los fenicio-cartaginenses. De todos modos, fundaron importantísimas colonias en el sur de Francia, como Massalia; en la costa catalana, como Ampurias, y en la valenciana, como Hemeroskopeion. Más al sur, comenzaba el territorio de los otros.

Gracias a esta enorme red colonial el comercio griego creció inusitadamente, consistiendo en la venta de manufacturas de alta calidad (cerámicas, bronces, tejidos, perfumes, joyas, aceite, vino…) a cambio de cereales, metales y materias primas, tan necesarias en la Hélade. En este época, los griegos, aun manteniéndose separados e independientes, toman conciencia de su unidad cultural, religiosa y racial frente a otros pueblos.

Los conflictos sociales


Las polis nacieron de la unión de pequeñas aldeas y comunidades agrarias a través de un proceso llamado sinecismo. Las polis más importantes de la Hélade eran Esparta, Corinto, Megara, Tebas y Atenas, entre otras. Estas ciudades comenzaron a acuñar su propia moneda en torno al 680 a.C.

Originariamente, estas polis eran gobernadas por un rey (basileus) apoyado por una poderosa aristocracia (aristoi, los mejores) y una base popular de campesinos y artesanos (el demos). La aristocracia mantenía sus privilegios gracias a la posesión de grandes extensiones de tierras y a las continuas guerras con otras polis que proporcionaban botín y esclavos. Además, la presión sobre los campesinos era tan grande que muchos se endeudaban, perdiendo sus terruños y arruinándose hasta el punto de verse obligados a emigrar o convertirse en esclavos.

Sin embargo, a mediado del siglo VII a.C. surge un grupo de aristócratas con ideas diferentes sobre la organización de las polis. Se trataba de los Tyranos, un vocablo cuyo significado era entonces muy diferente al actual: eran líderes de origen aristocrático que habían decidido defender los intereses de los más desfavorecidos. Los tyranos accedían al poder por medios muy diversos: revueltas populares, golpes de estado, intervenciones extrajeras, intrigas palaciegas... Pero contaban con la simpatía del demos, pues, en general, llevaban a cabo políticas en contra del abuso de la aristocracia y con el objetivo de lograr sociedades más justas dentro de las polis.

Tyranos famosos por sus logros sociales y políticos fueron Fidón de Argos, Cípselo de Corinto, y Pisístrato en Atenas. Los Tyranos favorecieron el comercio a larga distancia, pero también eximieron a los pequeños campesinos de pesadas cargas impositivas. Al mismo tiempo reorganizaron las polis, impulsando la participación ciudadana en la mayor parte de los ámbitos para que éstas pudiesen convertirse el modelo para todo el mundo civilizado.

El periodo Arcaico en Grecia es uno de los más brillantes de su historia gracias a tres fenómenos, la Colonización del Mediterráneo, el nacimiento de la Polis y las Tyranías: sentando una sólida base sobre la que se desarrolló una de las civilizaciones más asombrosas del mundo antiguo. Esto redundó también en el desarrollo artístico (que, aunque embrionario, inició un camino imparable). Pero no debemos olvidar que las Polis griegas mantuvieron en su seno numerosas contradicciones internas como el desprecio del sexo femenino, la segregación de los extranjeros o metecos y el establecimiento de un sistema económico basado en la esclavitud.